7/16/2004

Desayuno

Tener desayuno por la mañana se oye demasiado arrogante.  Entretener al estomago mañanero, doloroso y hambriento con cualquier galleta que se come, chupa y aplasta conta sus paredes, ansioso, se llama piedad.  Pero tener desayuno no. No "vamos a desayunar", no. No hay huevos, ni jugo de naranja, ni brownies con fresas, ni un capuccino. Sólo una galleta para entretener al hambre por un rato y jugar con el estómago, como jugar con un niño.
 
El vientre es otra cosa. Desde que este vacío esta bien. Pero no es un buen colaborador cuando la paranoía, las sospechas y el sexo que se tuvo -irrecordable ya- se personifican en angustia: Se revuelca, empieza a latir, se asusta, de repente se frena de su girar incontrolable y se queda pensando. Es un vientre de naturaleza dramática: no soportaría ningún intruso dentro suyo. Lo miraría con todos los ojos de sus paredes, abiertos de par en par, incrédulos e incapaces de contraerse y de tocar con sus propias pupilas el frijol que crece.

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